Una familia regresó a la Argentina y encontró en un barrio del norte del conurbano una vivienda construida en la misma época en que nacieron. Tras una serie de reformas graduales, adaptaron el espacio a las necesidades de su vida actual.
Después de vivir seis años en Boston, una familia decidió regresar a la Argentina y establecerse en el país. Iniciaron la búsqueda de una vivienda en el barrio de Las Lomas de San Isidro, una zona que a principios de la década de 2010 se caracterizaba por contar con numerosas casas construidas en los años 70, muchas de las cuales presentaban diseños con varios desniveles y requerían actualizaciones.
La elección final fue una casa construida en 1971, el mismo año de nacimiento de los dueños, un dato que consideraron significativo. La vivienda ya había sido sometida a una reforma previa que la hizo más luminosa, pero la familia emprendió nuevas modificaciones por etapas.
En una primera instancia, se renovaron los baños, se conectó la cocina con el living-comedor y se transformó un cuarto en una sala de televisión. Posteriormente, se cambiaron las aberturas para mejorar la eficiencia térmica. La última intervención importante, realizada el año pasado, incluyó el rediseño completo de la cocina y la actualización del interiorismo de varios ambientes, proyecto liderado por la arquitecta Mariana Flank.
«El objetivo en la cocina fue crear un espacio cómodo y práctico, que se integrara con los ambientes cercanos, ya que es el lugar favorito de la familia», explicó Flank. La arquitecta también destacó la importancia de integrar el exterior: «Pensamos la galería como un living exterior, un lugar de reunión que aprovecha el jardín».
La casa, desarrollada mayormente en una sola planta, conserva detalles originales de la época, como una chimenea color cobre y ventanales grandes incorporados en la reforma anterior. Elementos como los postigones de madera corredizos, típicos del estilo náutico y característicos de la Zona Norte en los años 70, se mantuvieron.
Las renovaciones también alcanzaron la suite principal y los dormitorios de los hijos, ya adultos. «Pasaron 15 años desde que nos mudamos; hoy nuestros hijos tienen 21 y 23 años y necesitaban cuartos más acordes con su edad», comentaron los propietarios. El proceso de adaptación de la casa se realizó al ritmo de la familia, logrando crear un espacio propio y funcional con el paso del tiempo.
