En agosto de 1918, una audaz misión aérea italiana sobre la capital austrohúngara, más simbólica que bélica, terminó vinculándose décadas después con la historia empresarial argentina.
En el último año de la Primera Guerra Mundial, en agosto de 1918, se ejecutó una de las operaciones aéreas más simbólicas del conflicto. Una escuadrilla italiana, la 87ª Squadriglia «La Serenissima», logró sobrevolar Viena para lanzar panfletos de propaganda sobre la ciudad, en una misión que priorizó el impacto psicológico y moral sobre el daño material.
La misión, planeada durante más de un año, enfrentó grandes desafíos técnicos y climáticos. Tras dos intentos fallidos, once aviones Ansaldo S.V.A. despegaron finalmente desde San Pelagio. Entre los tripulantes se encontraba el célebre poeta y periodista Gabriele D’Annunzio, quien personificaba la fusión entre la acción militar y la retórica nacionalista.
Los aviones, que llevaban el emblema del león de San Marcos en homenaje a la República de Venecia, sobrevolaron los Alpes y territorio enemigo para alcanzar su objetivo. En lugar de bombas, arrojaron cientos de miles de volantes, principalmente redactados por el periodista Ugo Ojetti y traducidos al alemán, que buscaban minar la moral de la población vienesa.
El gesto, aunque de escaso valor militar directo, fue un éxito propagandístico al demostrar la capacidad de las fuerzas italianas para llegar al corazón del Imperio austrohúngaro. D’Annunzio, quien ya había participado en otras acciones de alto valor simbólico, consolidó con esta hazaña su figura pública de poeta-soldado.
Años más tarde, el nombre «La Serenissima» trascendería el episodio bélico para ser adoptado por una empresa argentina que se convertiría en un gigante de la industria alimenticia, estableciendo un curioso vínculo entre aquella gesta aérea y la historia económica de Argentina.
